Hoy tenía pensado hablar del rey o el tema de las Sicavs ya que había pasado la tormenta, pero lo haré de un tema mucho más importante y que, a mi juicio, es un indicativo de la situación actual en nuestro país.
Quiero hablar ese drama que los políticos (bien denominados casta) niegan, al igual que lo hacen personajes como Marhuenda, Alfonso Rojo (cuyo panfleto se ha hecho eco de esta noticia) o Eduardo Inda cuando frivolizan con la situación de nuestro país. "En qué país vives tú", decía uno de ellos cuando otro hablaba de la pobreza de muchos ciudadanos. Frivolizando, sonrientes, llamando a otros proetarras y terroristas, cuando defienden un sistema psicópata, asesino, y que hace que algunos seres humanos alcancen tal grado de terror, que vean la muerte como última salida.
Es oficial que el suicidio se ha convertido, por encima de los accidentes de tráfico, la violencia, la dependencia al alcohol y otras drogas, o los accidentes laborales, en la causa de muerte no natural más extendida en nuestro país. Es oficial que muchos españoles se sienten tan abandonados que prefieren la muerte a la vida, que creen que no hay salida posible en una patria que les niega los derechos constitucionales básicos y trata de poner la mordaza a las voces que claman por un país justo, con un sistema económico progresivo y unos impuestos que reviertan en el ciudadano.
Esta noticia es descorazonadora. No voy a hablar más de los culpables, de la causa última, todos sabemos que parte de estas muertes se deben a la crisis, y me remito a quienes la han subsidiado y alzado para acabar con la clase media y ser "nobles distinguidos". El aumento de las muertes trágicas desde el inicio de la crisis ha sido tan gigantesco que ha superado a los accidentes en carretera o las muertes por violencia ajena (que, por cierto, también han aumentado).
Imagináos la desesperación de un ser humano para hacer esto, el grado de destrucción psicológica y moral que ha de sufrir, el dolor, el daño, la sensación de no valer nada. Como alguien que cursó estudios de psicología y que aún tiene interés por esta materia, soy capaz de describir la situación de una forma clínica, pero a la vez me siento incapaz de comprender cómo el ser humano puede ser tan atroz, tan inhumano, como para crear y fomentar una sociedad en la que el humanismo brilla por su ausencia, y las personas son meros productos de consumo. Me siento afortunado pues, mi situación, si bien dista mucho de ser buena o acercarse a tal estado, me permite comer todos los días y tener un refugio, en definitiva, tener esperanza.
Basta ya. Basta de esta infame creencia en un sistema que provoca muertes, dolor y desarraigo.
Basta de medir la sanidad, incluída la mental, en términos económicos y de rentabilidad financiera. Es una aberración que pensemos en rentabilizar la salud y la vida humana. Hay bienes que no se pueden capitalizar.
Basta de injusticias, de ahogar al ciudadano con impuestos indirectos para favorecer las rentas de quienes lo tienen todo, más de lo que jamás podrán utilizar, de usar sus impuestos para lucrarse, para Sicavs, o para pagarse caprichos o creencias propias.
Basta de hablar de las reglas del juego político mientras los ciudadanos mueren y las instituciones no hacen nada más que lucrar a unos pocos. De plegarse a los deseos de un 2% de la población, engañar con falsas rebajas de impuestos que enmascaran una subida de los mismos al 75% de la población, de perseguir la economía sumergida de los que no tienen para comer y perdonar deudas millonarias a otros. De compararnos a Europa y decir "que roben es normal", de la maldita, mil veces maldita, picaresca española, de creer que hay un carácter nacional que nos empuja a robar cuando roban los que más tienen...
Un minuto de silencio no basta. Un artículo no basta. Las palabras no bastan.
Hay que hacer algo. Por esas personas que no seguirán entre nosotros, víctimas del sistema, por esos seres humanos que han sido arrancados de la vida para que otros disfruten del contacto del papel en sus carteras...
Basta. Podemos cambiar esto. Debemos cambiar esto. Y el que habla de demagogia y populismo, debería utilizar su cartera para acudir a un psicólogo y entender por qué no le importa la vida ajena.
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